Mosca Loca
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La avispa y la araña

No es una fábula, como la de la cigarra y la hormiga, lo que pasa es que me hizo ilusión verlo en vivo y en directo, sin tener que recurrir a los documentales, así que lo cuento.
A mí me pasa, al igual que a todo el mundo, supongo, que, estando tan tranquilo por la vida, de repente ves volar un bichejo cerca tuya y pegas un requiebro que ya quisieran muchos boxeadores, y lo sigues con la mirada para, a, saber lo que es y, be, asegurarte que no se te vuelve a acercar. Y si lo hace pegarle un viaje con lo que tengas en la mano. El móvil, las llaves... lo que sea.
Pues estaba yo comiendo al aire libre cuando una avispa se acerca para ver cual era el menú y preguntar si estaba invitada. Obviamente no lo estaba y se marchó en busca de algo que echarse a la boca. Yo me quedé mirando cómo se iba con el aguijón entre las... en el culo de diana cuando, con todo el sitio que había, vino a meterse por detrás de una lámpara de pared.
Yo no sé el tiempo que no pasaban el mocho por ahí, por que una araña había tenido tiempo de hacerse una auténtica mansión en la que podrían vivir ella y diecisiete generaciones más. La araña no estaba, habría ido a hacer la compra o estaría viendo el partido de la selección, y la avispa rompetechos no debió ver trampa que habían puesto en su trayectoria.
Al meterse por ahí, la avispa detuvo su vuelo contra su voluntad y, antes de darse cuenta de lo que había pasado, la araña, que estaba al acecho, salió de no sé dónde porque en la pared no había ningún sitio donde meterse, que lo comprobé yo después detenidamente.
La araña se acercó a una velocidad sorprendente y comenzó a tejer alrededor de la avispa para evitar que se despegara y escapara. La avispa no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente y daba culazos a ver si podía meterle a la cabrona de la araña el aguijón entre los ojos.
Cada una haciendo lo que le dicta el instinto cuando de repente la araña se queda quieta. Se la ha cargao’, me dije. Al final la avispa le ha entrado en cuarta y le ha dado la estocada definitiva. La esgrima era la asignatura fundamental en la escuela de las avispas. Famosos era los campeonatos contra la escuela de las abejas.
Ahora sólo quedaba ver cómo la avispa moría de inanición porque estaba tan envuelta en tela de araña que dudaba que pudiese escapar.
Pero después la araña volvió a moverse, tal vez sólo estaba descansando, o la hostia de la avispa sólo la había atontado, o simplemente estaba comprobando la calidad de la tela.
Ahí fue donde dejé de observar, que se me estaba enfriando la comida.



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