Mosca Loca
MOSCAEs importante levantar la tapaLOCA

Las dos gotitas

Vengo a reivindicar el derecho de todo hombre a mearse fuera de la taza del bater. Debería estar incluido en la constitución.
Todo hombre, desde que empieza a mear de pie sin pañales, ha tenido que escuchar broncas de madres y hermanas por haber salpicado la tapa. Este hecho es IN-E-VI-TA-BLE. No es tan fácil como parece. ¿Es que no sabes apuntar?, tienes que aguantar cada vez que unas gotitas se salen del tiesto.
Hay más de un problema que impide acertar cien por cien dentro de la letrina:
A: impedimento físico. Los hombres apuntan, aunque las mujeres crean que no. Siempre intentamos tirar el papel que hay pegado en el interior, echándole la meada hasta que se despega y cae al agua. A veces no lo conseguimos y nos cabreamos. El caso es que ésta es la prueba de que intentamos no fallar. El problema viene al principio y al final. Nosotros no podemos controlar el chorro hasta que ha alcanzado la presión necesaria. A veces, cuando te la sacas dispuesto a descargar, resulta que el conducto, o más bien el orificio de salida, está torcido y no te das cuenta. Empiezas a expulsar el líquido renal y resulta que sale hacia un lado. Otras veces sale bifurcado, un chorro p'allá y otro p'acá, demasiado separados entre sí como para que los dos entren en el bater. De modo que intentas que al menos uno de ellos caiga en el interior. Luego ya se juntan y se centran cayendo todo dentro. Anda que no jode cuando le da por salir hacia atrás manchándote los pantalones. ¿Es que creéis que nos hace gracia ir manchado? Pero no podemos evitarlo. Si el chorro empieza saliendo cada vez para un lado tenemos que resignarnos. No se puede controlar. En cuanto al final, sucede más o menos lo mismo. Ya has acabado, pero aún quedan unas gotitas que has de eliminar. ¿Cómo? Pues sacudiéndotela. Esto tampoco se puede controlar. Te la meneas un poco y la gota lo mismo cae para abajo que le da por hacer un triple giro mortal con tirabuzón. A ver cómo diriges eso para que caiga dentro. Y si no te la sacudes, luego manchas los calzoncillos de amarillo y no se sabe qué es peor.
Be: la forma del bater. Si los hicieran de diecisiete metros de diámetro verías como no fallábamos. O con menos agua. Porque la meada no es perfectamente tubular. Prueba con una manguera y verás como el chorro, aunque la mayoría del líquido que suelta sigue una dirección determinada, a lo largo del mismo hay pérdidas, gotas que se salen de la trayectoria. Con la meada pasa lo mismo, si meas cerca del borde, esas gotas perdidas caerán fuera, pero si intentas apuntar justo al centro, como hay un embalse para que el contenido caiga a remojo, pues chapotea y salta con tanta fuerza que sobrepasa la altura del bater. Y ahora, las letrinas modernas tienen mucha más cantidad de agua, gran invento, si señor, para asegurarse que no meemos sin salpicar.
Ce: la altura. Éste es el más importante de todos. Si los hombres meáramos sentados, como las mujeres, no fallaríamos ni una. La prueba está en los aseos públicos femeninos. Como les da asco sentarse, se suben en lo alto de la taza apoyando los pies en los bordes y, ¡ala!, todo el suelo inundado. Ha caído más fuera que dentro. Haciendo la prueba meando hombres y mujeres a la misma altura, ellas salpicarán más, así que no sé de qué se quejan.
Eso sí, y en eso no hay excusa que valga, si te has meado fuera, lo menos que puedes hacer cuando termines es limpiarlo.



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