Mosca Loca
MOSCAComo los llama Arturo Pérez-Reverte, asesinos de guante blancoLOCA

Bombas inteligentes

Bombas inteligentes. Lo escuché el otro día en las noticias y no se me va de la cabeza. Bombas inteligentes. Le doy vueltas al adjetivo que acompaña a tan terrorífico sustantivo (a menos que sea de agua o de aire) y no puedo evitar sentir escalofríos. Analizando lentamente y con detalle, eso supone un estudio de ingeniería y programación y una instalación técnica de circuitería, a parte de los estudios físicos y químicos y no sé qué más. Hay que estar completamente tarumba para dedicarse a eso y no tener remordimientos de conciencia.
¿Cómo se puede vivir tranquilo dedicándose a hacer cacharros destinados a matar gente? Me los imagino dando saltos de alegría por haber logrado que la bomba tenga mayor área de destrucción, que mate a más gente, que destruya más vidas.
Albert Einstein, el simpático genio despistado y Premio Nóbel de física, fue quien desarrolló la bomba atómica y, viendo los resultados, se arrepintió de haberla hecho y se convirtió en uno de los mayores defensores de la paz del planeta. Me parece muy bien este cambio de comportamiento, pero ¿en qué coño estaba pensando mientras la elaboraba, que estaba haciendo un juguete para los niños? ¿O que estaba destinada a convertirse en espectaculares fuegos artificiales?
O la medicina. Se supone que los estudios e investigaciones están destinados a salvar las vidas de las personas, no a quitársela. Sin embargo, los mismos estudios que ayudan a una cosa, sirven también para otra cosa. Saben perfectamente lo que mata y lo que no, y por eso realizan armas químicas. Se ganan la vida estudiando como arrebatársela a los demás. Cuantos más mueran, mejor vivirá él.
Pero como ahora la moda en la guerra no es matar sino hacer el mayor número de heridos posible, si las armas convencionales, por llamarlas de alguna forma, te amputan miembros o te dejan a punto de palmarla pero con posibilidades de sobrevivir, las nuevas armas químicas o bacteriológicas deben de volverte tonto, producirte cáncer en cuestión de horas, hacerte entrar en coma o vaya usted a saber qué.
Probablemente sean padres o madres de familia, sean los mejores amigos o amigas del mundo, participen en oenegés y apadrinen niños del tercer mundo, etcétera, y, en definitiva, sean las mejores personas del mundo en su vida normal, pero cuando se ponen a trabajar son unos auténticos hijosdeputa. Sólo tengo que cerrar los ojos y los veo llegar a casa, colgar el abrigo en el perchero de detrás de la puerta mientras gritan:
-Cariñoooooo, ya estoy aquíiiiiiii. Prepárate que esta noche hay fiesta, que hoy he tenido un gran día en el trabajo y hay que celebrar que he logrado crear un virus como el del sida pero que se transmite tan fácilmente como un resfriado. Estoy que no quepo en mí de gozo. Hoy vas a saber lo que es bueno.
O puede que me equivoque. Tal vez en la vida real sean igual o más hijosdeputa todavía si cabe. Seguro que de pequeños se divertían torturando a sus compañeros de clase y al perro de la vecina.
En un mundo donde se supone que lo que queremos es la paz y que no haya follones, se sigue desarrollando armamento, por si acaso. No recuerdo quien lo dijo, creo que fue Einstein también, pero no estoy seguro, que de haber una tercera guerra mundial, la cuarta sería con palos y piedras del desastre y la devastación que provocaría. Hay una canción de kortatu en la que rezan por que haya una guerra nuclear, que de una vez por todas llegue el final, sacrificio humano y volver a empezar.
Tal vez sea lo mejor.



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