Mosca Loca
MOSCAEn esos momentos se suele perdonar, pero no olvidarLOCA

Inquietud de última hora

Lo he visto ya en varias películas, o series de televisión, no sé, y me preocupa. No sé qué fue primero, si el huevo o la gallina, de modo que tampoco sé si la situación que voy a relatar a continuación se da en la vida real y se ha reflejado en el cine, o al revés.
Si se trata de la primera opción, ya está todo dicho. Y si se trata de la segunda, pues la gente suele aprender de lo que ve en la tele y adopta su comportamiento a lo que aparece en la misma. Un ejemplo claro son las películas porno.
El caso es que, sea de la forma que fuere, el comportamiento se da en la vida real de algunas personas aunque, tal y como están las cosas, dudo que ninguna pareja llegue hoy día juntos a viejos para hacer la jodida pregunta.
La situación es la siguiente: lecho de muerte. Si lo que tiene no lo fulmina en el acto y dispone de algún tiempo de agonía, suele pasar esos últimos instantes con la parienta (o con el marido, que creo que es la versión que yo he visto), hablando de cosas que llevarse a la tumba mientras ella le peina un poco con los dedos para que esté guapo.
Habla de varias cosas sin importancia mientras ella le dice que no hable, que descanse, pero el futuro difunto insiste hasta que logra preguntar:
-Cariño. ¿Me has engañado alguna vez?
No se me ocurre lo que se le puede pasar por la cabeza a esa mujer en ese momento, pero tienen que ser muchas cosas. Y si la respuesta es sí, también algún recuerdo. Obviamente, la respuesta inmediata será:
-No, cariño. Nunca.
Pero el tío insiste:
-Dime la verdad. A estas alturas ya no tiene importancia y necesito saberlo.
Necesito saberlo. Maldita la necesidad que tiene de saberlo, ahora que se va a morir. Entonces ella puede seguir en sus trece, negándolo, mintiendo o no, o decir la verdad y admitir que alguna vez es posible. Pero eso da igual porque la respuesta de él será la misma: Yo sí, en el caso de que la respuesta fuese no y yo también, en el caso de que sí. Y a partir de ahí empezará a narrar esos encuentros, te acuerdas, cariño, aquella vez que tuve que irme una semana a Madrid, o la época en que te dije que me ampliaron el horario de trabajo, y unas cuantas más.
Y demonios lo que le importa a ella. Ella no ha preguntado. Él se va a morir enseguida, pero ella tendrá que vivir con eso lo que le queda de vida. Moriría y no volvería a verlo jamás, pero tendría de él el recuerdo del hombre atento que fue, de un amor que ha durado toda la vida. Ahora, cada vez que piense en él, recordará esas últimas palabras, recordará que la ha engañado varias veces, que ese amor no era tal, que en el fondo era un cabrón como cualquier otro, el hijodeputa.
Porque si resulta que ella también le había puesto los cuernos, al menos la cosa se equilibra, estamos en igualdad de condiciones aunque el número de infidelidades no fuese el mismo, pero si le ha sido fiel toda la vida y se entera que él no demasiado tarde como para poner remedio, lo que queda es una sensación de vacío, de ser un desperdicio, de no haber recibido lo mismo que ofrecías, de que no te han querido lo mismo que has querido tú.



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