Mosca Loca
MOSCAVoy a acabar borrachoLOCA

La ronda

La diez de la noche. Te echas colonia, te montas en el coche y a casa de un amigo, a recogerlo. Empieza la fiesta.
Te vas al bar del cubano, que conoces al cubano, y te tomas un par de cervezas. El cubano se enrolla y te invita a una tapa de almendras. Os insultáis en plan broma, que para eso hay confianza. Luego te invita a la tercera. En menos de una hora ya llevas un litro encima.
Pasada una hora en el bar del cubano, coges el coche, no sin antes ir a mear, y te vas a la cervecería donde has quedado con una pareja amiga tuya. Ahí caen otras tres cervezas y un par de tapones (chupitos a nivel generalizado) de lo que sea, mientras saludas a todo el mundo ya que os conocéis por ser clientes asiduos. Ya van dos litros. Los tapones no se cuentan.
Esta vez andando, te vas a otro bar que hay por ahí cerca a ver a los camareros (ella y él, hermanos que trabajan allí), porque hace poco se han convertido en familia tuya, concretamente primos, por parte de la parienta. Entras ahí y oyes los gritos de los camareros diciendo: ¡¡¡PRIMOOOOO!!! Y te invitan a unas cañas. Y luego a más. Acabas con un pelotazo del quince dispuesto a coger el coche para irte al pueblo de al lado a seguir con la fiesta, no sin antes mear en la calle.
Llegas al susodicho pueblo y te metes en un bar que hay escondido por las calles, donde ponen las cervezas muy pero que muy baratas. Están malas, pero como llevas tanto alcohol encima ya ni te enteras. Entras directamente al aseo y luego te tomas otro litrito. Total, para lo que cuesta...
Y ahora, a escuchar música. El tugurio donde está toda tu gente. No los ves a todos porque algunos se han ido ya (mira la hora que es) y otros que aún no han llegado (mira a la hora que has llegado tú, a ver si vas a ser el único que se retrase). Entre saludos y viajes al aseo para descargar lo que has bebido, pues te pides otro litro de cerveza. Te toca pagar a ti, pero como conoces a la camarera por ser amiga, también, de la parienta, pues te invita, por lo que decides que después te pides otro.
A saber cuanta cerveza llevas encima. El tugurio lo están cerrando pero le dices al dueño si por favor, sólo un momento, puedes ir al baño. Te deja, claro y vuelves a echar una meada de tres minutos. ¿Ahora qué? Si ya están cerrando, ¿qué hacemos? A las discotecas de la playa aún le quedan una hora para cerrar. La música no te gusta, pero tú ya no oyes nada. Además del ciego, llevas también un sordo...
Saludas al portero, al que conoces por rifirrafes anteriores, y te deja entrar con zapatillas deportivas por eso, porque te conoce de rifirrafes anteriores. Subes al ropero. Allí trabaja una amiga tuya (esta vez no de la parienta, aunque ahora también). La saludas y le preguntas para cuando cambian el ropero otra vez a barra, ya que en esa época se invita a unas cuantas cervezas más.
Llega la hora de recogerse. Tienes que llevar a tu amigo a casa y después llegar tú a la tuya. A ver como lo haces, con el pedal que llevas.
Pues muy fácil. Aceleras al máximo, batiendo tu propio récord de velocidad, metiéndote por todos los caminos de invernaderos para así evitar todos los controles de alcoholemia de la policía, ya que te conoces a la perfección todos los sitios estratégicos donde se ponen para amargarte la noche al final de la misma.
Llegas a tu casa y no metes el coche en la cochera. Lo mismo hasta te cruzas con tu padre, que se ha levantado para ir al aseo, o porque tiene que irse a trabajar. Disimulas para no parecer el borracho que eres, pero tropiezas con la silla. Y luego con la puerta, que se ha abierto más lentamente de lo que creías. Te entran ganas de acostarte vestido, pero piensas que sería sospechoso por lo que te pones el pijama. Te quedas sobado antes incluso de terminar de acostarte.
A la mañana siguiente tienes una resaca y un sabor de boca que no le deseas a nadie. Y no te acuerdas de nada de lo que hiciste anoche. Pero es igual. El sábado que viene volverás a hacer lo mismo. Y ya te cuentan las cosas que graciosas que hiciste la semana pasada, de las que no tienes recuerdo alguno.



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