Mosca Loca
MOSCAAdicciones de la vidaLOCA

Sobredosis cotidianas

Una pasión. Algo que te guste con locura. Algo que estarías haciendo todo el tiempo del mundo si fuese posible. Algo que no te cansarías de hacer en la vida. Algo con lo que disfrutes de manera casi obsesiva, que sólo sabes hablar de eso y llegas incluso a ser pedante y cansino para el resto de la gente.
A eso me refiero.
Me encanta la gente que tiene una pasión de éstas. Te hablan encantados, ilusionados, sonriendo con los ojos cada vez que te cuentan algo nuevo, una experiencia o un descubrimiento, que empiezan a rajar y no paran, todo de carrerilla hasta que acaban. Tú no te enteras de nada, pero lo ves tan ilusionado o ilusionado que eres incapaz de decírselo, de cortarle.
Ojalá tuviese yo una adicción de éstas. Hay cosas que me gustan más que otras, pero de todo me canso, ninguna me apasiona. De todo hay algún momento en que no me apetece. Ni tampoco hay nada en lo que pueda estar muchas horas seguidas sin aburrirme.
Bueno, tal vez dormir. O al menos estar tumbado, aunque sea despierto. De eso no me cansaría nunca.
El caso es que esta gente puede convertir esa pasión en su modo de vida, su trabajo. Con lo que le gusta no se dan cuenta que es un curro y se entusiasma, se esfuerza, y le gusta y sigue y cada vez lo hace mejor. Y encima le pagan.
Conozco a uno que su obsesión son las motos. Se las conoce todas y no para de hablar de ellas, todo el día que si marcas, que si modelos, prestaciones, patatín, patatán y ha encontrado trabajo como mecánico en una compra-venta. Está que no cabe en sí de gozo. Todo el día viendo motos nuevas y tocándolas y probándolas. Le dan vacaciones y continua yendo al taller, se va de viaje y entra en la página web de la empresa. No puede desconectar. Puede resultar pesado para el que no entienda de motos pero el tío es feliz. Es su vida.
Lo mismo les pasa a los informáticos. Todo el día desmontando ordenadores, descubriendo nuevas opciones, probando nuevas piezas, comprando revistas especializadas... Unos auténticos palizas, unos pelmazos, pero son felices en su mundo y disfrutan. Y luego trabajan y les pagan por divertirse. Un chollo.
A mí no me puede pasar eso. No hay ningún trabajo que me haga disfrutar, que me haga olvidar que es una obligación. Y no me van a pagar por dormir:
-¿A qué te dedicas?
-Soy dormilón.
-¿Y qué haces?
-Dormir.
-¿Y eso para qué sirve?
-No sé. Supongo que para que suba la media nacional de horas de sueño, que vivimos en un país estresado.
Pero hay un problema y es que cuando la devoción se convierte en obligación ya deja de ser un placer.



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