Mosca Loca
MOSCAAlgunas se pasan con las operaciones y parecen creadas, como FrankensteinLOCA

Retoques estéticos

No es que vea mal la cirugía. A mí plín. Ya he dicho alguna vez que lo que haga la gente para su propio disfrute a mí me la trae al pairo. Que lo critico, sí. Que me importa, más bien poco. Pero es que he visto cada desastre que no puedo evitar hablar del tema. Eso sin contar con el poco sentido que le veo al asunto.
Jennifer López, el culo de América. Resulta que dicen (y digo) que es el culo más perfecto que existe, el mejor culo del mundo. Pues ella, no contenta con ello, va y se lo opera. ¿Para qué, si puede saberse? ¿Para dejar de serlo? ¿Para no tener el mejor culo que ha existido nunca? Ha pasado de tener un culo extraordinario a tener uno normal, como cualquier otro culo. Sigue siendo un buen culo, no lo vamos a negar, pero ya no es el mejor. Es un culo bonito como tantos otros.
Chenoa, otro culo que tal baila. Ésta aún no se lo ha retocado pero le ha faltado el canto de un duro. Quería quitarse las cartucheras, decía. Ese culo le ha hecho famosa. Nadie tiene un culo como el suyo, un culo tan característico, grande, hermoso. Pues no. Ella, por lo visto, quiere uno de esos culos sin chicha que abundan en las pasarelas. No puede ser.
La gente quiere operarse porque sí. No lo necesita, pero le apetece meterse en el quirófano para vivir una experiencia al límite. Conozco a gente, y a mí también me pasa, que odia operarse aun siendo por necesidad, porque o te operas o no lo cuentas, y luego hay otra que se mete por gusto, a jugársela. Total, para salir peor que entró...
Porque ésa es otra. Te operas las tetas y se te quedan bizcas. El pezón de una mirando para arriba y el de la otra para la derecha. Que tienes la nariz larga y recta, pues te la operas y se te queda chata, respingona y torcida.
¿Y eso no deja marcas? Digo yo que alguna cicatriz habrá, ¿no? Algo donde se note que es artificial, algo que diga aquí hay truco. Y, claro, tampoco querrás que se vea:
Que tienes las orejas de soplillo y te las tapas con el pelo para que no se vean, pues te operas, te dan unos puntitos, ya las tienes pegadas al cráneo y te las tapas con el pelo para que no se vea la cicatriz, o lo que es lo mismo, estás igual que antes para los ojos de la gente y con menos dinero en el banco.
Porque a mí que no me digan que lo que piense la gente no les importa, que lo de la operación es para sentirse bien consigo misma (o mismo), porque no me lo creo. Si te operas no es porque te veas fea (o feo), es porque crees que la gente te ve fea (o feo). No una persona concreta sino la gente que te cruzas por la calle. No una persona concreta porque esa persona te dice que no, que estás guapa (o guapo), que donde vas queriendo operarte el puente de la nariz, que está bonico, que a mí me gusta. Pues nada. La opinión de esa persona no cuenta, cuenta la de la gente que no conoces y que te cruzas en el supermercado. Ésa sí cuenta.
Te haces un lifting de esos en la cara y te estiran tanto la piel que no puedes ni gesticular. Se te queda cara de tonto.
Y es que se nota que es belleza artificial. Y si no se nota ya se encargan de decirlo. No, no son mías, me las operé el año pasado. O sea, que eres fea (o feo) y se supone que te operas para dejar de serlo pero no, le vas diciendo a todo el mundo que no, que eras fea (o feo) y que gracias al doctor Suárez ahora tienes los labios de silicona, los pómulos marcados, la nariz torcida y unas cicatrices en el cuello.
Los labios de silicona. Para tenerlos más carnosos te inyectas la mierda esa hasta que ya no cabe más. Se te queda el labio estirado estirado y no puedes ni sonreír. Tendrán que estar todo el día con el cacao porque el más mínimo gesto y ya los tienes cortados. Si se cortan ya de por sí, ¿no se van a cortar estando tan estirados? Imagínate besando a una de éstas, de repente muerdes y sale un chorrete disparado. Después del susto vez que tiene medio labio desinflado.
Yo no sé si soy raro para las mujeres o qué porque veo a una de estas postoperatorio y me parecen todas iguales. Incluso las superbellezas éstas que no se han operado nada, a éstas también las veo iguales. Me gustan, no me van a gustar, raro sería, pero no me dicen nada. Por eso soy partidario de la belleza natural, porque necesito algo raro para considerar guapa a una mujer. Necesito que tengan algo fuera de lo común. Y lo peor de todo es que ese algo es de lo que más descontentas están, lo que se quieren quitar. A mí es lo que más me gusta, en lo primero que me fijo, lo que las hace diferentes, especiales, y ellas se lo quieren operar, para ser una de tantas.
Me pasa con las famosas. Sobre todo cuando empiezan. La veo y digo uh, preciosa. Luego empieza a ganar pasta y a operarse. Cuando se quita las vendas y se ve el desastre ya no me gusta. No es porque sepa que es artificial y eso me eche para atrás, no, es que ya no es la misma, me la han cambiado, es una barbie más. Son tantas que te daría igual una u otra, la que fuese. Sin embargo, si tuviese ese algo especial, entonces sí, entonces es ésa o ninguna.
A estas alturas de comentario seguro que alguien se estará preguntando si no voy a hablar de la belleza interior ni nada de eso. Pues no, no voy a hablar de eso. La belleza interior es más importante y todo lo que queráis pero este artículo va de la exterior, que parece ser mucho más importante para la sociedad en la que vivimos. La interior cuenta más bien poco, lo que interesa es la imagen.
Es un asco. Una alegría para la vista nunca viene mal, pero es un asco que sea una cuestión prioritaria.



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