Mosca Loca
MOSCAO eso dicenLOCA

La arruga es bella

La arruga es bella, o al menos eso dicen. Entonces, ¿por qué planchamos las camisas? Ahora están de moda las camisas esas que parece que las tenías guardadas en el culo hechas un muruño, pero si sales a la calle con tu camisa sin planchar ya la has cagado.
Y es que no entiendo dónde está la diferencia entre lo comprado y lo hecho de forma casera. Resulta que ahora envejecen las camisetas y las descoloren para que parezca que alguien la ha llevado puesta todos los días durante veinte años, pero si tú tienes una camiseta que ha perdido el color se nota que es vieja, no moderna.
Eso es lo que dice mi madre. Yo le pregunto que como es posible que la gente sepa el tiempo que tienes en el armario tal o cual atuendo. No te pongas esa camisa que es vieja. Pero eso lo sabe ella, no el resto del mundo. Ahora vas a una tienda y ves que venden los pantalones rotos ya. Lo que se lleva. Pero mi madre no puede verme con los que he roto yo por el uso.
Lo mismo me dice que si quiero una camisa de esas arrugadas (como es posible a estas alturas que me vea a mí capaz de ponerme algo que no sea negro) que me amenaza con tirarme mi camiseta favorita si me la ve puesta, de lo vieja que está. Si no quiere que me la ponga para qué la guarda, por lo que sigo poniéndomela hasta que un día me la veo limpiando el polvo con ella. O le pregunto donde está mi camiseta azul. Qué camiseta azul, me responde ella. La azul. Sólo tengo una azul. En algún sitio estará, me dice. Claro, en la basura.
Yo soy lo que llaman un heavy pijo. Pantalón vaquero, camiseta negra de uno de los grupos que me gustan a mí y una camisa de cuadros hecha por mi madre. Muy pijo no es, que digamos. Pero, claro, está nueva. O entera, mejor dicho. En perfecto estado de conservación. A la mínima que le sale algún defectillo desaparece y no vuelvo a verla.
A mí me la suda la moda. Nada de lo que esté a la moda puede ponerse (a la vista está que no he visto todavía por la calle a ninguna mujer con transparencias de esas). Yo llevo la ropa que me gusta, que me siente bien y vaya cómodo, independientemente de si es más vieja o menos, más fea o menos, esté más en alza o menos. Yo llevo lo que quiero llevar y punto.
Luego están las coincidencias. Resulta que un día llevas algo que a la mayoría de la gente le parece bien y dicen, mira éste, por fin ha cambiado. Y algunos hasta creen que ha sido gracias a ellos, que por los consejos que te han ido dando y que a ti te entraban por un oído y te salían por el otro has recapacitado y mejorado tu atuendo. Venga ya. Hoy tocaba, hoy me apetecía ponerme esto. Si resulta que es de tu gusto me alegro, también lo es del mío, pero espérate a ver lo que me pongo mañana. Ya veras, ya.
Por eso odio bodas, comuniones, bautizos y demás compromisos en los que hay que arreglarse, vestirse de etiqueta. Voy incomodísimo. Y no me gusta que nadie me vea con chaqueta.
La única fiesta pasable es nochevieja. Todo el mundo vestido de puta de lujo, menos yo. Yo y los míos. La cuestión es rodearse de gente que no se asuste por que salgas en chándal y sin afeitar.



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