Mosca Loca
MOSCAY encima son carosLOCA

Línea circular

U otros trayectos cortos. Ésos en los que los autobuses son distintos a los de trayectos largos.
Los autobuses de trayectos largos son más grandes, más cómodos.... Subes y te sientas en asientos reclinables y con brazos para apoyar los ídem. Tienen televisor y video, aunque no lo pongan.
Pero los otros, ay, los otros.
Para empezar los asientos son duros. Además, son pocos. Nada mas entrar ves un cartel que pone tropecientas plazas. Echas un vistazo al autobús y ves que no hay ni un tercio de los asientos. Pero sí ves mucho espacio libre. El resto de las plazas no será de pie, ¿verdad? Vaya si no. ¿Para que crees que son todas esas barras y asas que cuelgan del techo? Para que te agarres e intentes no caerte ante la conducción temeraria del autobusero.
Al principio te crees muy valiente (o valienta) y dices yo no me agarro, no pasa nada. Pero en la primera curva sueltas lo que tenías en las manos y te agarras con ambas a lo primero que pillas, dándole un empujón o pisando a la persona que tenías al lado. Porque lo mismo resulta que el autobús va casi vacío, todo el mundo sentado, y entonces el chofer va despacio, tranquilo, sin prisa, pero en nada que halla alguien de pie se transforma, acelera a todo lo que da y toma las curvas que ni Carlos Sainz. Y tú para alante, para atrás, para un lado, para otro, dejando los dedos marcados en el asa de lo que aprietas para no caerte. Los nudillos blancos. Podrían considerar la posibilidad de que formara parte de las atracciones de un parque de atracciones, valga la redundancia.
Y tampoco creas que porque vaya el autobús vacío te vas a librar de uno de estos intentos de asesinato, porque antes de que te sientes, el conductor arranca obligándote a agarrarte y a sentarte tirándote en plancha sobre el asiento.
Lo peor es cuando el trasto va a tope de gente. Tropecientas mas unas cuantas. Si conoces a alguien y vas hablando, vale. Pero si vas solo pones la misma cara que pones cuando te subes al ascensor con desconocidos.
¿Y el calor? Porque con tanta gente no se puede estar. En verano hace calor y hace calor, pero en invierno, que entras con tu chaquetón y la nariz fría, que el calor dentro del autobús no lo hace en un horno de panadería y que no puedes quitarte la ropa porque no hay sitio. Tanta gente. Entonces empieza a acudir el olor a humanidad. La gente empieza a sudar y el olor a acudir. Con tanta gente está todo el mundo a menos de quince centímetros unos de otros. Fácil saber quién es el cherro. Todo el mundo agarrandose a los asientos para no tener que levantar el brazo y que su sobaco se ponga a cantar. Y si va mojado ni te cuento. Todos empujándonos con las frenadas y arrancadas bruscas, dando saltitos a la pata coja intentando no caer.
Din don. Alguien ha solicitado una parada. Como ese alguien no esté cerca de la puerta recorre el pasillo preguntando si le dejas pasar y restregándose contigo a modo de agradecimiento hasta que, por fin, logra salir.
Qué casualidad, esa persona estaba sentada. Ahora hay un asiento libre. Podrías sentarte tú, que te bajas en una de las últimas paradas y no apetece ir así hasta allí. Pero no. Se sienta un tipo que se baja en la siguiente, cuarenta metros más alante. ¿No podía haber apretado el botón y dirigirse a empujones hasta la puerta, como hace todo el mundo, para bajarse rápido y que nosotros sigamos camino? No. Espera a que otro le de al botón y hasta que no está el autobús parado y con las puertas abiertas no se levanta y nos tiene a nosotros esperando allí, con la prisa que llevamos.
Es el mismísimo infierno.
¿Y los horarios? Los que pasan cada hora, por ejemplo, suelen llegar con quince, veinte o treinta minutos de retrasos, más o menos. Pero, ¿y los que pasan cada diez o quince minutos, como, por ejemplo, los que van de la ciudad al campus universitario? Diez minutos, ¿no? Estás esperando casi media hora y piensas que lo mismo es fiesta o han hecho huelga. O vete a saber, pero el autobús no viene. Y cada vez hay más gente. Me toca ir de pie, piensas, porque la melé que se forma en la puerta para entrar no se consigue ni en la superbowl. Todo el mundo empujando y cruzándose para entrar antes y pillar un asiento. Entonces lo ves llegar. Y son dos. Mira que bien. Uno esta vacío, y el otro que revienta. Pero deben pensar que todavía caben más porque el primero pasa de largo.
Se para el otro autobús y te das cuenta que no hay moscas por la sencilla razón de que no caben. Pasen el fondo, dice en conductor. Y la gente lo que hace es apartarse. Al fondo se va a ir tu tía, ahora que he pillado una barra para agarrarme. Te toca a ti irte hasta el fondo porque sino no entra toda la gente que hay detrás tuya. Pasen al fondo, repite el tío. Ni caso. Y tú dándote un baño de multitudes hasta llegar la fondo.
Llegas al fondo y, sorpresa sorpresa, está vacío. No los asientos, claro, pero sí las plazas de en pie. Casi te pones contento y todo, puedes elegir donde agarrarte en vez de estar peleándote por un trozo de barra con dieciséis personas en la parte delantera del autobús.
Te parece la gloria.



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