Mosca Loca
MOSCA¡Joder!LOCA

Ha vuelto (a marcharse)

Despedida en la estación. No quiero que se vaya. Aguantando hasta el final, hasta que no queda ya más remedio y tiene que subirse al autobús, apurando hasta el último instante. Hasta que finalmente llega la hora y ha de marchar.
Ya estoy triste otra vez. Días que parecen años esperando que llegue el reencuentro y, cuando por fin llega el ansiado fin de semana, éste pasa en un suspiro, sin darte cuenta, y vuelves a verte en la estación. Otra vez sólo.
Si es que no la soltaba, me la comería entera para que no se separara de mí nunca más.
Nunca creí que pudiese existir alguien como ella. Es lo que siempre había buscado y que no esperaba encontrar nunca. O, de encontrarla, que fuese a parar a mi lado. Es lo mejor que me ha pasado nunca.
Estoy escribiendo esto y me cuesta leer la pantalla, por las lágrimas. Esto sí que es una pantalla líquida. No tiene efecto agua, tiene efecto cascada.
Abrazado a la almohada paso las noches. Noto que me falta algo. Dicen que a todo se acostumbra uno. A lo malo no. A eso no puede uno acostumbrarse por mucho que pase el tiempo.
La respuesta a la pregunta ¿cómo estás? es siempre la misma: pues jodido.
Y tú que vas a decir, se preguntaran algunos, si seguramente ella leerá este artículo. Pues sí, lo leerá. Pero eso no tiene nada que ver, no estoy mintiendo para tenerla contenta. Lo escribo porque me sale, porque me inspira. Y siempre digo la verdad. No miento nunca.
Una prueba de que los lee es, por ejemplo, el artículo del beso. Cuatro tipos, dije que había. Se te ha olvidado uno, me dijo ella. Un beso con mucha ternura, sin prisas, suave... Esperad, que estoy llorando otra vez.
Menos mal que tengo a mis amigos, que están conmigo y me entretienen mientras tanto, para que me distraiga un poco y me olvide aunque sea un rato y se me haga más fácil la espera. Je. Lo agradezco de veras, pero sirve de más bien poco. Ni ahogando las penas en alcohol ni nada. No se me va de la cabeza. Me traiciona el subconsciente cada dos por tres.
Vas andando por la calle y ves a las parejas en un banco en el parque, o paseando, o lo que sea, y te acuerdas. Estés haciendo lo que estés haciendo. Pero si no se me va de la cabeza ni aun cuando estoy haciendo integrales triples. A ver que tendrá que ver. Pues ni con esas.
Ahora veo de vez en cuando a las tías que me gustaban antes y digo, buah, ninguna le llega ni a la suela de las zapatillas. En qué tendría la cabeza yo antes.
Yo no creo en el amor, me dice la gente. Pues yo sí, les contesto. ¿Cómo no vas a creer? Que sea difícil de encontrar no quiere decir que no exista. Lo que pasa es que es un cabrón y le gusta jugar con las personas, pero a veces hay quien le cae bien y se porta de puta madre. Si en el fondo es buena gente, el amor ese.
No te preocupes, me dicen, enseguida vuelve. Si ya lo sé. Si no pasa nada estará aquí pronto de nuevo. Pero, joder, que verla tres o cuatro días de cada treinta o sesenta es muy poco. Complicado de llevar. Eso une más a las personas, me dicen también. Yo tengo entendido lo contrario, pero bueno. Yo lo llevo más o menos bien, entre el teléfono y eso, y no da tiempo a distanciarse. Pero creo que, en condiciones normales, mucho tiempo sin verla puede ocasionar un enfriamiento. En condiciones normales, repito. Lo que más me gusta de nosotros es que no somos como la mayoría de la gente (he dicho distintos, no mejores. Aunque sí, mejores también) y estas estadísticas, por llamarlo de alguna forma, no sirven con nosotros. Espero.
En fin, a ver si ahorro un poco y voy yo para allá, para que no pase mucho tiempo, por si acaso. Para verla más a menudo.



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