Mosca Loca
MOSCALa mejor sin lugar a dudasLOCA

La loca del Carmolí

El Carmolí. Cacho de tierra poco antes de llegar a la localidad costera de Los Urrutias si vienes de norte, pasado dicho pueblo si lo haces del sur. Allí hay un cerro.
El cerro es poca cosa. Tendrá una altura aproximada de unos doscientos metros poco más o menos. Nada insalvable. Además es roca volcánica y no te resbalas. Tampoco hay pendientes pronunciadas ni lugares inaccesibles. Escalada para principiantes, vamos.
Pero el caso es que yo tengo vértigo.
A ver si subimos el Carmolí un día, decía un amiga mía.
Claro, como no. Resulta que la chica es geóloga, o casi, y está acostumbrada a subir desniveles de mas de mil metros y con mas accidentes que los de nuestro pequeño cerro.
Que es fácil, que yo te guío. ¿Tu me guías? ¿Y con mi vértigo que hacemos?
Pero para que no se diga, valiente donde los haya, digo que venga, vale, vamos a subir a la piedra esa.
- ¿Que piedra? Es un cerro. Y ponte pantalones cómodos.
Había que verme. Parecía a Rambo prepararse para atacar. Mis botas bien puestas (eran zapatillas de baloncesto), mis pantalones (vaqueros), mi cinta al pelo (en realidad una goma para cogerme la coleta), y mis accesorios de montaña (las llaves del coche por si hay emergencia).
Llegamos y nos disponemos a subir. La experiencia es un grado y yo no tenía ninguna. Todas las piernas llenas de arañazos de las matas porque me puse pantalones cortos (me dijo cómodos, no especificó más). No me llevé agua. Menos mal que ella sí, que iba preparada.
Maritinga iba delante, subiendo como Pedro por su casa, con las manos en los bolsillos. Yo casi a gatas, agarrándome a cualquier sitio. Ella me guiaba, y se adelantaba de vez en cuando para ver el camino y elegir la ruta más fácil para que no me entrara vértigo y pudiera seguir sin dificultad.
- No pises lo amarillo.
Mierda. Por si no tenía poco luchando contra las matas y mi miedo a las alturas, todavía tenía que mirar bien donde pisaba. Lo amarillo eran hongos y resbalaba.
- Cuidado, que estas piedras están sueltas.
Y también nos metimos por un sitio por donde ella paso sin problemas pero yo...
- ¿Por qué no me habías avisado de esto antes?
- Porque sino no te vienes.
Maldije la hora en la que acepté venir.
Pero al final llegamos sin mas contratiempo al punto mas alto donde había un palo que decía eso, que era el punto mas alto. Parecíamos conquistadores, nos faltó poner la bandera.
Hasta entonces bien, mantuve mi miedo a raya. Pero una vez arriba... Con un poco de tiempo conseguí tranquilizarme, pero al principio no podía coronar la cima.
- Para bajar lo hacemos por detrás, que es mas fácil.
Cagüendiela. Por detrás es mas fácil. Y va y me mete por to' lo jodio'. Es que lo que mola es ese lado, me dijo.
Y me convenció.
Luego bajamos por detrás y casi deseé hacerlo por delante. Por delante no te resbalabas. Por detrás era todo tierra, estaba todo suelto y donde pisaras se te iba el pie. No había casi pendiente pero joder. Y encima había mas matas aún. Acabé con las piernas que parecía que llevaba pantalones de pana.
¿Por qué lo hice si tan mal parece que lo pasé?
Porque no lo pasé tan mal. Era una experiencia nueva y porque vi cosas que no había visto, porque aprendí cosas que no sabía: las extrañas formas de la lava al enfriarse, las rocas que parecían animales, todo el mar menor visto desde las alturas, todos los campos de cultivo, rocas que habían caído rodando desde arriba, el hecho de escalar...
Y la compañía, que fue lo mejor.
Ella disfrutaba, estaba en todo lo suyo, y a mí me contagiaba con su entusiasmo, me mostraba las cosas y me las explicaba. Me gustaba verla delante de mí, moviéndose, pendiente de lo que estaba haciendo. Profesional. Es lo que le gusta. Ojalá tuviese yo una vocación tan clara.



Pagina Principal