Mosca Loca
MOSCAAlgunos bares tienen un nosequé especial que engancha a la genteLOCA

Hay bares... y Bares

Vámonos de fiesta, vámonos, que hoy va a ser la hostia, venga, vale, voy p'allá a media tarde, aquí te espero que también se viene El Ángel y El Juan, de puta madre, luego nos vemos, hasta luego, hasta luego.
Pues resulta que comer sí comí, pero lo que se dice cenar...
No cené, pero anda que no me gustó el bar ni na'. Tampoco creo que vuelva, no sea que haya cambiado y entonces no sería lo mismo.
Era un bar de viejos, vulgarmente conocido, sin ánimo de ofender, y allí estaban los susodichos jugando al dominó, pito doble, mierda, yo paso, hablando de sus cosas, mi mili fue peor que la tuya seguro, a mi la viagra todavía no me hace falta, jua jua jua, a lo suyo, sin mirar quien entra ni quien sale, no como esos otros bares de diseño donde la gente se aburre y se dedica a controlar al resto de clientes.
Gitanos, chinos y blancos, todos revueltos bebiendo sus cervezas, te toca, manolo, joder, en que coño estás pensando.
Esperamos a que se vaciase alguna mesa y nos cuajamos allí.
Esperamos largo rato hasta que por fin vino el camarero que, aún habiendo mozas de buen ver en el servicio, nos toca uno de la quinta de la clientela.
No problem.
Nos trae una jarra de cerveza y cuatro copas y se gira con intención de irse.
- Nos podría traer...
- Espera espera.
Y se va. Nadie había pedido la cerveza, como tampoco la ensalada de tomate que trajo después.
- Ahora, ¿qué queríais?
- Pues unas salchichicas...
- ¡Si ya lo sé!
Y se fue.
- ¿Y todo esto? -pregunté yo a mi amigo-. Mira que si lo ha pedido otro y nos lo ha puesto a nosotros...
- No, siempre hace lo mismo.
- Oye, pues solo hay tres tenedores.
Y fui a la barra a pedir otro tenedor.
Mientras los otros dos no hacían más que quejarse, mi amigo y yo estábamos encantadísimos, oye.
Esperamos pacientemente a que nos trajeran esas salchichas hasta que vimos que los de la mesa de al lado, que llegaron bastante después que nosotros, empezaron a cenar, despachados como mandan los cánones. Así que nos fuimos. Eso sí, pagando.
Los otros renegando y yo riendo porque había disfrutado a base de bien. Total, dos mil pelas entre cuatro son quinientas cada uno. Anda ya. Por quinientas pelas el espectáculo mereció la pena. Puedes cenar cualquier cosa o sino, hínchate a cerveza y verás como se te quita el hambre.



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