Mosca Loca
MOSCALa guardia civilLOCA

Tercer encuentro (y espero que último ya) con las autoridades

Me gusta la velocidad, para qué nos vamos a engañar, y ya me han dado el alto en varias ocasiones por este motivo. La última, la mejor.
Venía de estudiar. Bueno, más o menos. La biblioteca la cierran a las doce de la noche, y a esa hora era cuando me iba a casa, lo que pasa es que en uno de los descansos que hicimos empezamos a tomar cervezas, pim, pam, pim, pam, y acabamos medio bolingas. Creo que cayeron unos dos litros por cabeza. Por suerte o por costumbre, a mí la cerveza no me afecta mucho, a menos que se sobrepasen los límites de la exageración, tipo fin de existencias, por ejemplo. Me tomo un cubata y acabo por los suelos, pero con la cerveza, ni el pedito.
Pues eso, que recogemos los apuntes, los folios y el bolígrafo (un boli dorado que tengo que me encanta), los echamos al coche, y de cabeza al bar. Las cañas, los amigos, la música y los frutos secos para acompañar. Una partida al billar. A los que no están con nosotros en ese momento les mantenemos informados de lo más relevante vía móvil. Una fiesta de las que no te esperas, un miércoles cualquiera. Nos recogemos temprano que mañana hay que seguir estudiando.
Siempre vuelvo a casa por el mismo camino, pero ese día, mira tú por dónde, decido coger una ruta alternativa. Todos los caminos llevan a Roma, ¿no? Pues eso.
Qué casualidad, precisamente ese día había un coche de los boinas verdes esperando a los infractores.
Iba algo rápido, pero callejeando y tomando curvas no podía ir a más de cincuenta, máximo autorizado en poblado a menos que haya alguna señal que la reduzca aún más, y no la había. Conducción brusca y temeraria, sí, pero sobrepasar el límite de velocidad, no. Sin embargo esa fue la excusa por la que me hicieron al alto.
¿Es que hay alguna carrera o algo?, me dijeron. No, le contesté, si le digo la verdad –que no lo era– es que estoy desando llegar a mi casa porque me estoy cagando. ¿Esa es la verdad? Sí.
Con dos cojones.
Documentación. Le saqué el carné y los papeles y me bajé del coche. En la carpeta tengo un lío del copón y no encontraba nada, pero estar estaba. No se ponga nervioso, me dijo. No, si no son nervios, es que quiero ir a un aseo, reiteré.
Mientras ese benemérito y yo buscábamos lo que quería ver (perfectamente en regla, todo hay que decirlo), el otro se dedicó a registrarme el coche. Estos quieren empapelarme como sea, me dije. Pues van apañados.
Maletero, guantera, asientos…, yo no sé todo lo que pudo mirar el tío mientras el otro comprobaba con disgusto que no me podían pillar de ninguna manera. Comprobó las luces de repuesto, miró dentro de una caja de toallitas limpiadoras que llevo para emergencias… todo. Y luego me lo dejó desordenado.
Conduzca con cuidado, me dijo cuando ya podía irme. Menos mal que no se les ocurrió hacerme la prueba de alcoholemia. Como no se me nota…
Cuando llegué a mi casa y fui a sacar mi material de estudio del coche me di cuenta que había desaparecido el bolígrafo.



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