Mosca Loca
MOSCALa policía nacionalLOCA

Encuentro con las autoridades

No era mi coche, no conducía yo, por lo que yo no me puse nervioso, pero mi amigo sí.
Íbamos por Cartagena, ciudad sin ley. Teníamos que volver a casa, a unos 35 kilómetros, y llevábamos el depósito en la reserva. Domingo por la noche, las dos de la madrugada, a ver dónde coño encontramos nosotros ahora una gasolinera abierta, a ver si no nos tenemos que quedar a dormir aquí, en el coche.
Yo me conozco esto, dijo mi amigo, por allí hay una gasolinera.
Cartagena, montes sin leña, mar sin pescao’. Tiramos para allá, ni un solo coche por la carretera, nosotros solos en busca de gasolina. Cuando vemos la estación de servicio, que estuvieran todas las luces apagadas nos hizo sospechar que estaba cerrada. El acercarnos y no ver a nadie confirmó nuestras sospechas. Media vuelta y a buscar otra.
Sin preaviso, la carretera estaba cortada, por obras. Por aquí no podemos pasar, tendremos que volver por donde hemos venido. Métete en la gasolinera y ya giras. Entramos por la salida y salimos por la entrada. A mí me extrañó ver la señal de stop ahí, para nosotros, si está puesta es que no es dirección prohibida, o sea, que se puede salir por aquí.
Nos incorporamos a la carretera, dos carriles. Oye, ¿no vamos en dirección contraria? Eso parece… No, mira, una señal, prohibido circular a más de cincuenta, mirando para nosotros. Vamos bien. Si la señal mira para nosotros es que vamos bien.
De repente, lo que eran dos carriles se convierten en cuatro, con una mediana en medio, valga la redundancia. Dos carriles nuevos aparecieron a nuestra derecha, y no nos podíamos cambiar por la dichosa mediana. Al final va a ser que sí que vamos en dirección contraria.
Empezamos a dar las largas, para avisar a los todos coches que venían tranquilamente, confiados. ¿De dónde ha salido tanto coche? Hace tres minutos cuando veníamos nosotros no había ninguno. Los coches se van apartando, metiéndose en el otro carril, mientras nosotros seguimos dando ráfagas porque siguen viniendo coches y no podemos dar la vuelta. De repente vemos uno que no se aparta. Mi amigo dale que te pego a la palanca de las luces, flas, flas, nene, que no se quita, nene, que este se nos estampa y la culpa es nuestra, flas, flas. En eso, que en el techo del susodicho coche se enciende y se apaga una familiar luz azul. Pues bien, perfecto. Mi amigo gira y se queda travesado en mitad de la carretera.
Salga del coche, le dice a mi amigo. Yo me quedé dentro, el que conducía era él, conmigo no iba la cosa, pero el otro policía me dice lo mismo. ¿Quitamos el coche?, es que como está travesado. No se preocupe, está bien señalizado. Precisamente por eso nos hemos equivocado nosotros, por lo bien señalizado que está.
Nos piden los deneí y no los llevamos encima. Es que llegué ayer de Inglaterra, lo tengo todo revuelto y se me ha olvidado cogerlo. ¿Y tú, también vienes de Inglaterra? No, a mí simplemente se me ha olvidado.
Uno de ellos nos pregunta el nombre, en domicilio y no sé qué más y se pone a hablar por el gualquitalqui ese que llevan comprobando los datos, mientras el otro nos pregunta que a dónde íbamos. Le contamos lo de la gasolinera, lo de la carretera cortada, lo de las señales de tráfico mirando para nosotros y todo eso y parece creérselo. Ni que fuera mentira, joder. Entonces le piden el carné de conducir a mi amigo. Lo mismo que el deneí, pero mi padre es guardia civil. Da igual que tu padre sea guardia civil. No, si es para que me identifiques, es para que me identifiques.
Cuando el otro terminó de comprobar que no teníamos antecedentes o yo qué sé lo que es lo que estaba haciendo nos dejaron marchar sin más consecuencias. Resultó, me enteré luego, que la zona donde estábamos era donde se mueve toda la droga.
Menos mal, decía mi amigo, si mi padre se entera me la corta.
Por tu bien espero que no lea nunca este artículo.



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