Mosca Loca
MOSCALa ilusión de todos los díasLOCA

Cantar de ciegos

Hace poco escuché una pregunta que me intrigó. La pregunta se hizo sin espera de respuesta, más que para resolverla, para decir que tenía esa curiosidad, esa duda, para que lo supiera la persona con la que estaba hablando, y que le gustaría saberlo algún día, pero que no se va a molestar en buscar. Si se tropieza la respuesta, bien, si no, pues nada, ya surgirá otra que le haga olvidar la anterior.
¿Qué sueñan los ciegos?, era la pregunta. A mí sí me interesó saberlo por lo que me puse a investigar. Si por la causa que fuese la persona se queda ciego en algún momento de su vida, sueña con las imágenes que recuerda de la época en la que veía. Si por el contrario nace ciego, la cosa es más compleja. Si mal no creo recordar, soñaba en abstracto, con juegos de luces y demás cosas raras.
Todo esto me ha venido a la mente porque he visto en las noticias que han operado con éxito a un ciego de nacimiento y han conseguido que vea.
Si le devuelven la vista a uno de los otros, de los que pierden la visión por un accidente o algo, al poder volver a ver y reconocer lo que tenía en el recuerdo, la emoción embarga y los lagrimones caen como piedras, del gusto, pero el caso del ciego de nacimiento es más espectacular, ver las cosas por primera vez, aprender los colores como si fueses un niño, el rojo es así, y esto es azul, poder ver lo que no puedes tocar, como el paisaje, el cielo, el mar, aprender a leer como todos nosotros en vez de en braille, disfrutando de una mayor oferta literaria, poder andar sin el bastón, sin necesidad de perro lazarillo, poder conducir un coche, ver la tele en vez de oír la radio (aunque esto no es nada ventajoso, que digamos), admirar la belleza o la fealdad física de la gente sin tener que sobar (aunque los ciegos no tienen ese prejuicio y admiran lo que realmente importa, que es la belleza interior como tampoco son racistas al no poder diferenciar los distintos tonos de piel), ir a los museos, poder dedicarse a otra cosa que no sea vender cupones…
Y el vértigo que tiene que dar verlo todo de golpe, sin tiempo a acostumbrarte a no utilizar los otros sentidos para las cosas rutinarias de la vida, como echarte agua en un vaso sin meter el dedo para saber cuándo está lleno o mirar el semáforo en verde en vez de esperar a oír el pitido para cruzar la calle.
Y sobre todo, poder acceder a los muchos lugares que siguen y seguirán estando sin adaptar para los ciegos y demás minusválidos, como el braille en los números de los ascensores o las rampas en las aceras para los que van en silla de ruedas.
El mundo está hecho para los válidos, y nadie parece hacer nada para cambiarlo.



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