Mosca Loca
MOSCAEutanasia SÍLOCA

Miserias de la vida

Domingo. Te despiertas temprano. Ves a tu lado, dormida, a la mujer con la que un día decidiste envejecer. La besas con dulzura antes de levantarte y deseas hacerle el amor como aquella vez. Te levantas para preparar las cosas antes que llegue tu hija con su marido y tu nieto. Pones en la minicadena ese cedé que tanto te gusta. Es un día magnífico y quieres hacer todo lo que esas 24 horas te permitan. Llega la gente. Besas a tu hija y saludas al yerno. Es hora de jugar con el nieto. Esos magníficos dos años y medio. Con esa alegría que da la inocencia y la falta de conciencia propia de la edad. Esa edad en la que aprendes cosas nuevas y sorprendes a los mayores con tus adelantos. Preparas las brasas para hacer esa carne que tanto os gusta. Cerveza o vino. El cigarro de después. Esos momentos no se cambian por todo el oro del mundo. Ver el partido por la tele o vivir las pasiones en el campo. En compañía de los que mas quieres. Tu familia. Tus amigos.
Esas siestas placenteras. La hora del aperitivo. Las noches de juerga. Observar la gente que te rodea. Conocer gente nueva. Experimentar nuevas sensaciones, revivir las ya conocidas. Contar historias pasadas, anécdotas. Transmitir a los tuyos el saber de los años. Más sabe el zorro por viejo que por zorro. Hacer reír. No hay mayor placer que ver disfrutar a la gente que te rodea y que te quiere. Tú también los quieres. No los cambiarías por nada. Nada del mundo. Para ti no hay nada que valga más que eso. Ni materialismos ni hostias. Sensaciones. Eso es lo que vale. Eso es lo que te vas a llevar. El primer beso. La primera vez que hiciste el amor. La primera vez que te enamoras. Y la segunda. Y la tercera....
Ojalá pudieras hacer todas esas cosas. Pero despiertas con lágrimas en los ojos porque te das cuenta que llevas 24 años tumbado en una cama de hospital sin poder moverte. Atado a una máquina. Una máquina que lo único que hace es hacerte sufrir. Su único objetivo es no dejarte descansar de una vez por todas. Maldita seas, máquina de mierda. Fúndete. Fúendete y déjame en paz. Llevo 24 años aquí y sólo tengo 52. Mi hija tenía 6 años. No he podido jugar nunca con mi nieto. No tengo ganas de bromas. Estoy asqueado. Sólo vivo del recuerdo. Recuerdo que se borra. 28 en los que no he tenido tiempo para nada. 28 años, maldita sea. ¿Por qué me mantienes consciente? ¿Por qué permites que sufra? Ves a los niños correr, a la gente moverse. Y yo no puedo ni ir a mear. Me tienen que asear. Tengo que tener a alguien continuamente pendiente de mí. ¿Qué he hecho yo para sufrir tanto? ¿Y por qué no me dejan morir? Pleno dominio de mis facultades psíquicas. ¿Por qué no puedo morir si es mi deseo? Deseo pasar el mayor tiempo posible dormido para no ser consciente de esto y tengo pesadillas que me hacen sudar. Lo único que me queda es ver a mi gente feliz. A mi gente. A los que me quedan. Porque en los momentos duros te das cuenta de quien te aprecia de verdad. Quién es quien te quiere pase lo que pase. Cómo decía mi madre: "En la cama o en la cárcel, los que van a visitarte son amigos de verdad". Me alegro por mi madre. Por morir antes de que ocurriera esto. Por no tener que verme así y sentir impotencia al no poder hacer nada por remediar esta situación. Merece la pena vivir por las cosas buenas que esta vida de mierda te ofrece. Si no hay cosas buenas, para qué.



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